Historia moderna de los testigos de Jehová – Parte 1

historia-tj-01

historia-tj-02Del 1 de julio de 1955 al 15 de diciembre de 1956 apareció en la revista La Atalaya una serie de 30 artículos titulada “Historia moderna de los testigos de Jehová”. Esta fue de las primeras narraciones sobre los inicios de nuestra organización como la conocemos actualmente. Como esas revistas son casi imposibles de conseguir actualmente (no, no vienen incluidas en el CD Watchtower Library) voy a ir publicando aquí los artículos tal y como aparecieron en aquellos años. Así que empezamos con el primero. Lo copié todo a texto para su fácil lectura pero incluyo las imágenes que aparecieron en la revista original.

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Parte 1

VOCES PRIMERAS (1870-1878)

“Pues, entonces, porque tenemos una nube tan grande de testigos en nuestro derredor, quitémonos también todo peso y el pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con aguante la carrera que está puesta delante de nosotros, mientras miramos atentamente al caudillo y perfeccionador de nuestra fe, Jesús.” (Heb. 12:1, 2, NM) El escritor de este consejo no se refería a testigos oculares que hubiesen presenciado la carrera de él como cristiano, sino que se refería a testigos a quienes él describe, muchos de ellos por nombre, en su capítulo anterior, hombres y mujeres en una lista que nos lleva al tiempo de Abel y que vivieron antes de que Jesús terminara su ministerio terrenal, a quienes “se les dió un buen testimonio por causa de su fe” de que habían agradado a Jehová Dios. (Heb. 11:1-40, NM) Ellos fueron testigos de Jehová igual que Jesús cuando estuvo en la tierra. (Apo. 1:5; 3:14) En la Biblia tenemos una historia auténtica de esos testigos de antaño, escrita por algunos de esos testigos de Jehová mismos, y en conjunto esos escritores hacen mención del nombre Jehová unas 6,823 o más veces.

En las Escrituras cristianas griegas, de Mateo al Apocalípsis, tenemos una historia de los testigos cristianos de Jehová durante los días de Jesús y sus apóstoles, escrita por discípulos inspirados de él. Desde ese entonces han pasado más de dieciocho siglos, y en años recientes los testigos cristianos de Jehová han aparecido nuevamente, llegando a ser el objeto de mucho estudio y controversia. Muchos han querido saber cómo llegaron a existir los testigos de Jehová. Multitudes se han dirigido a los acusadores y atacantes, esperando recibir de ellos información imparcial y sin tergiversaciones concerniente a los testigos modernos del Dios Altísimo. Para que haya información auténtica al alcance de todos como iluminación general, y para corrección en el caso de muchos que han sido conducidos a conclusiones erróneas por antagonistas que han tratado de desempeñar el papel de informadores, aquí damos comienzo a una serie de artículos sobre una “Historia moderna de los testigos de Jehová.”

SUCESOS DEL PRINCIPIO (1870-1878)

Paulatinamente ‘¡llamados de la oscuridad a la luz maravillosa de Dios!’. Eso describe brevemente la historia moderna de los testigos de Jehová al ir saliendo éstos de la oscuridad del pensar de la religión babilónica y marchando a restauraciones crecientes de nuevas verdades bíblicas. (1 Ped. 2: 9, NM) La larga noche de oscuridad espiritual de la cual salieron estos testigos cristianos había existido desde la primera parte del siglo segundo después de la muerte de los apóstoles de Cristo hasta la última mitad del siglo diecinueve. El cristianismo primitivo con su brillantez de doctrina verídica y limpieza de organización teocrática comenzó a quedar en eclipse después del año 100 por una oscuridad espiritual de enseñanzas religiosas babilónicas, filosofías paganas griegas y romanas y apostasía abierta que se fueron introduciendo gradualmente. Satanás el Diablo, tratando, como siempre, de derrocar la adoración verdadera de Jehová Dios, había producido pastores falsos, apóstatas, “lobos vestidos de ovejas,” con la mira de desolar la congregación cristiana, que en un tiempo había estado espiritualmente próspera. A pesar de la Reforma protestante del siglo dieciséis, que en verdad no efectuó la restauración de la adoración verdadera, el velo de la oscuridad siguió cubriendo la mente de los cristianos extraviados hasta que llegó el tiempo para que Jehová enviara a su Libertador, el Ciro Mayor, Jesucristo, para libertar a los testigos cristianos verdaderos del cautiverio babilónico en que se hallaban.

Aunque su liberación completa del cautiverio babilónico no se efectuó hasta el año 1919 d. de J.C., por un período de casi cincuenta años antes de esa fecha los testigos experimentaron un despertamiento gradual que los preparó para la hora de su liberación como pueblo del Nuevo Mundo. Esto resultó semejante al caso del cautiverio de los judíos naturales en la Babilonia antigua, cuando a Daniel y muchos otros testigos fieles de Jehová se les hizo despertar con años de anticipación, a fin de que estuvieran listos para la restauración de la adoración verdadera en Jerusalén cuando al fin llegara en 537 a. de J.C. Así, también, en el caso de los testigos de Jehová de estos tiempos modernos, una agitación para mantenerse espiritualmente despiertos se hizo aparente desde 1870 en adelante.

En cuanto a las circunstancias y condiciones que existieron en el viejo mundo como fondo a la nueva entrada de los testigos de Jehová en la escena mundial, el período desde 1870 hasta 1900 resultó ser una época en que decididamente se marcaron pasos que llevarían a esta “edad atómica” del siglo veinte. Fuerzas políticas, religiosas y comerciales comenzaron a moverse en busca de puestos desde los cuales dominar la nueva era científica que se acercaba. Hombres y organizaciones se llenaron de presentimientos en cuanto a los días extraños y de rápido movimiento del futuro, que, como algunos hasta vaticinaron correctamente, habían de ser días de cataclismo. En el Concilio del Vaticano de 1869-70 el culto católico romano procuró robustecer su organización para el futuro inmediato declarando infalible a su cabeza autocrático, el papa. Las principales organizaciones religiosas protestantes quedaron espiritualmente estancadas en sus caminos. Sus clérigos buscaron cómo consolidar su poder sobre los legos. Esta toma de más autoridad sobre sus manadas de parte del clero significó un paso hacia atrás en conexión con la libertad de pensamiento y adoración cristianos de las masas de los cristianos profesos. Infidelidad, crítica textual de la Biblia, evolución, espiritismo, ateísmo y comunismo comenzaron a invadir y diezmar las grandes organizaciones religiosas. Muchas iglesias evangélicas se pusieron a “modernizar” sus falsas doctrinas religiosas, no de acuerdo con las verdades bíblicas restauradas, sino según las teorías de la crítica textual y la evolución. La forma de teología modernista y empapada de paganismo inundó las iglesias.

Tratándose de la política, grandes potencias estaban en agitación. Los Estados Unidos de Norteamérica apenas estaban recuperándose de su guerra de secesión (1861­-1865) para luego recobrar las fuerzas rápidamente y entrar en la expansión fenomenal que los transformaría en una potencia mundial poderosa. Alemania había salido victoriosa de guerra franco-prusiana de 1870, para ser constituida aun más en un poderoso coloso europeo. La Gran Bretaña estaba pasando por los años dorados de su era victoriana, preparándose para futura competencia en el terreno de la dominación del mundo. Industrialmente, los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y grandes porciones de Europa se encontraban en una revolución proveniente de la invención de la máquina de vapor. Con el transcurso de los años, la revolución industrial se ensanchó debido al descubrimiento de la electricidad, la invención del teléfono, el automóvil y docenas de otros “milagros” de esta nueva civilización que marchaba hacia lo atómico. El comercio también subió a nuevas alturas a consecuencia de la industrialización de las naciones principales y la creación de nuevas empresas comerciales superlucrativas. Los gremios obreros también se hicieron prominentes para luego llegar a ser antagonistas del capitalismo en expansión. Todo esto significó un oleaje de materialismo, búsqueda de riqueza y diversión. Los poderes demoníacos invisibles de este viejo mundo produjeron trampas relucientes en la forma de nuevas tentaciones para cegar a las gentes a los valores superiores y más excelentes que vendrían con la verdad cristiana restaurada.

En medio de este estruendo de cambios industriales, comerciales, sociales y religiosos se dejaron oír las primeras voces de pequeños grupos religiosos que se esforzaban por interpretar las señales de los tiempos y predecir la inminente segunda venida de Cristo. Varios grupos adventistas, en los Estados Unidos y Europa, proclamaban que Cristo volvería visiblemente en 1873 ó 1874, a pesar de que el fundador norteamericano de ese movimiento, Guillermo Miller, había admitido su error y desengaño en cuanto a las fechas de 1843 y 1844 que se habían fijado anteriormente. Antes de esto, el teólogo luterano alemán Bengel (1687-1751) había fijado el 1836 como la fecha marcada para el comienzo del milenio de Apocalipsis 20:6. En Escocia e Inglaterra otros, conocidos generalmente como los “irvinguitas,” alzaron su voz para anunciar sucesivamente los años de 1835, 1838, 1864 y finalmente 1866 como la fecha para la vuelta de Cristo. Escritores cristianos tales como Elliott y Cúmming esperaron el fin en 1866, Bréwer y Décker predijeron que sería en 1867 y Seiss favoreció el 1870. En Rusia, Claas Epp, un director de los hermanos menonitas (Bruedergemeinde), y su socio fijaron la fecha de 1889 para un gran acontecimiento cósmico.a Pero todas estas predicciones tan proclamadas terminaron en desengaño completo debido a que no estaban basadas en el conocimiento bíblico acertado de las profecías de Jehová Dios. La vuelta de Cristo no había de ser una manifestación física como ellos habían dado por sentado, sino más bien, como ahora se indica claramente en las Escrituras, una presencia invisible de gloria y poder que había de provocar la mayor crisis que el hombre haya experimentado sobre la tierra.

Todavía otras voces se dejaron oír, pero éstas se pusieron a proclamar una inminente vuelta invisible del Mesías. Uno de estos grupos estaba dirigido por Jorge Storrs, de Brooklyn, Nueva York. Después de 1870 él y sus compañeros publicaron una revista intitulada The Bible Examiner (El escrutador de la Biblia), manifestando sus opiniones de que la vuelta de Cristo sería invisible. Otro grupo, encabezado por H. B. Rice, de Oakland, California, publicó una revista llamada The Last Trump (La última trompeta), pregonando una vuelta invisible que había de acontecer entre 1870 y 1880. Un tercer grupo nos llama la atención, en este caso compuesto de segundo adventistas desengañados que abandonaron aquel movimiento debido a que el Señor no volvió en 1873 de acuerdo con una nueva predicción de los adventistas. Este grupo estaba encabezado por N. H. Bárbour. Sus actividades emanaban de Rochester, Nueva York, y llevaban a cabo un servicio de predicación por medio de enviar oradores a cualesquier iglesias que les abrieran las puertas. También publicaban una revista mensual, The Herald of the Morning (El heraldo de la mañana). Un miembro de este grupo llegó a poseer la traducción Diaglotón del “Nuevo Testamento” por B. Wilson y notó que en ella la palabra que la Versión del Rey Jaime vierte venida en Mateo 24:27, 37, 39 se traduce presencia. Esta fué la pista que hizo que este grupo defendiera la idea de una presencia invisible de Cristo, declarando que había comenzado en 1874.b
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Todavía se hace sentir una cuarta voz de proclamadores de una presencia invisible de Cristo, un grupo de estudiantes sinceros de la Biblia en Pittsburgo Pensilvania, EE.UU., con su presidente C. T. Rússell. Carlos Taze Rússell nació en Old Allegheny (ahora parte de Pittsburgo) el 16 de febrero de 1852; era uno de los tres hijos de José L. y Eliza Birney Rússell.c Ambos padres eran presbiterianos de linaje escocés-irlandés. El padre de Rússell operaba un negocio de tiendas de ropa. Su madre murió cuando él tenía solamente nueve años. Siendo todavía muchacho solía escribir con tiza textos bíblicos en las aceras, y aunque fué criado presbiteriano, se unió a la iglesia congregacional del vecindario, porque ésta era más liberal. A los quince años Rússell era socio de su padre en una cadena creciente de tiendas de ropa para hombres. Pero aunque todo marchaba bien para el joven Rússell en el negocio, su mente estaba intranquila. Le causaban dificultad especial las doctrinas de predestinación y tormento eterno, y a los diecisiete años ya se había declarado escéptico, habiendo descartado la Biblia y los credos de las iglesias.

Durante los meses siguientes Rússell siguió reflexionando sobre el tema de la religión, no pudiendo aceptarla, y a la misma vez no deseando abandonarla. Al fin, un día en 1870 entró en un sótano empolvado y oscuro cerca de su tienda de la calle Federal-

“para ver si el puñado de personas que se reunía allí tenía algo más inteligente que ofrecer que los credos de las Iglesias prominentes. Allí, por primera vez, oí algo de los puntos de vista de los segundo adventistas, siendo el orador el Sr. Jonas Wendell. . . . Aunque su exposición bíblica no era del todo clara, y aunque estaba muy lejos de lo que ahora disfrutamos, fué suficiente, bajo Dios, para restablecer mi fe vacilante en la Inspiración divina de la Biblia, y para demostrar que los registros de los apóstoles y los profetas están Indisolublemente enlazados.”d

Poco después de eso Rússell y unos otros cinco comenzaron a reunirse con regularidad desde 1870 hasta 1875 para efectuar un estudio sistemático de la Biblia. Note la transformación en el modo de pensar que resultó de estos cinco años de estudio bíblico colectivo.

“Pronto comenzamos a comprender que estábamos viviendo cerca del cierre de la edad del Evangelio, y cerca del tiempo cuando el Señor había declarado que los prudentes y vigilantes de sus hijos recibirían un conocimiento claro de su plan… Llegamos a discernir algo del amor de Dios, cómo hizo provisión para toda la humanidad, cómo todos tendrían que ser despertados de la tumba para que se les testificara acerca del plan amoroso de Dios, y cómo todos los que ejercieran fe en la obra redentora de Cristo y rindieran obediencia en armonía con el conocimiento de la voluntad de Dios que entonces recibían podrían entonces (por medio del mérito de Cristo) ser restaurados a completa armonía con Dios, y recibir la vida eterna… Llegamos a distinguir la diferencia entre nuestro Señor como ‘el hombre que se dio a si mismo,’ y como el Señor que volvería otra vez, un ser espiritual. Discernimos que los seres espirituales pueden estar presentes, y al mismo tiempo ser invisibles a los hombres… Nos sentimos grandemente apenados a causa del error de los segundo adventistas que esperaban a Cristo en la carne, y que enseñaban que el mundo y todos los que estuvieran en él menos los segundo adventistas serían consumidos por fuego en 1873 ó 1874, cuyas computaciones de fechas y desengaños e ideas toscas en general sobre el tema del objeto y manera de su venida hicieron que nosotros y todos los que anhelaban y proclamaban su Reino venidero recibiéramos cierto vituperio. Esos puntos de vista erróneos que se sostenían generalmente tanto en cuanto al objeto como a la manera de la vuelta del Señor, me impulsaron a escribir un folleto –The Object and Manner of Our Lord’s Return (El objeto y manera de la vuelta de nuestro Señor), del cual se publicaron unos 50,000 ejemplares.”e

En enero de 1876, Carlos Rússell recibió por primera vez un ejemplar de la revista mensual The Herald of the Morning, publicada por el grupo de Rochester encabezado por Nelson H. Bárbour. Pronto se hicieron arreglos para una reunión entre Rússell y Bárbour, ya que se descubrió que tenían los mismos puntos de vista en cuanto a la invisibilidad de la segunda venida de Cristo. Como resultado, el grupo bíblico de Pittsburgo que contaba con casi treinta miembros decidió afiliarse con el grupo de Rochester, que tenía unos cuantos miembros más. Rússell llegó a ser codirector con Bárbour de The Herald of the Morning. Impulsado por la iniciativa de Rússell el grupo de Pittsburgo convino en suministrar los fondos para una pequeña imprenta en Rochester para llevar a cabo los proyectos unidos de imprenta. También se decidió publicar un libro en el cual se presentaran las opiniones de los dos, terminándose esta obra en 1877. El libro de 194 páginas se intituló “Tres Mundos o Plan de Redención,” por Bárbour y Rússell como coautores.

Durante ese tiempo Rússell, a la edad de veinticinco, comenzó a vender sus intereses de negocio y dedicó todo su tiempo a la obra de predicar, viajando de ciudad en ciudad para dirigir la palabra a diferentes reuniones del público, en las calles, y, los domingos, en iglesias protestantes, donde podía hacer arreglos con el clero.

Este libro presentó su creencia de que la segunda presencia de Cristo comenzó invisiblemente en el otoño de 1874 y así dió principio a un período de cosecha de cuarenta años. Entonces, con exactitud notable; promulgaron el año 1914 como el fin de los tiempos de los gentiles. –Luc. 21:24.

“Por eso, fué en 606 a. de J.C., que el reino de Dios llegó a su fin, la diadema fué quitada, y toda la tierra entregada a los gentiles. 2,520 años desde 606 a. de J.C. terminaron en 1914 d. de J.C., o cuarenta años después de 1874; y este periodo de cuarenta años en el cual hemos entrado ya ha de ser ‘un tiempo de tribulación como nunca ha habido desde que hubo nación.’ Y durante estos cuarenta años, el reino de Dios ha de ser establecido (mas no en la carne, ‘lo natural primero y luego lo espiritual’), los judíos han de ser restaurados, los reinos gentiles han de ser quebrantados en pedazos ‘como un vaso del alfarero,’ y los reinos de este mundo han de llegar a ser los reinos de nuestro Señor y de su Cristo, y la edad de Juicio ha de ser introducida.”—Three Worlds or Plan of Redemption, págs. 83, 189.f

Después de dos años de afiliación se presentó una prueba que resultó en que cada cual emprendiera su propio camino. En 1878 Bárbour empezó a caer víctima de la crítica textual. Él publicó un artículo en el Herald

“negando que la muerte de Cristo era el precio redentor. . . diciendo que la muerte de Cristo no tenía mas mérito como pago por la pena incurrida por los pecados del hombre que lo que el pasar un alfiler a través del cuerpo de una mosca causándole sufrimiento y muerte podía ser considerado por un padre terrestre como pago justo por la mala conducta de su hijo.”g

Esta negación llana de una doctrina básica de la Biblia asombró al grupo de Pittsburgo y a Rússell. Siguieron meses de argumentación mientras se publicaron artículos en el Herald en pro y en contra en conexión con la cuestión del rescate. Por fin el grupo bíblico de Pittsburgo puso fin a su asociación con el grupo de Bárbour para desempeñar por separado una obra de publicación bíblica. Muchos del grupo de Rochester se pusieron de parte de Rússell y sus compañeros sobre la cuestión del rescate y se traspasaron a la asociación de Pittsburgo. Esta separación resultó mortal para el grupo de Rochester, porque dentro de pocos años el Herald dejó de publicarse y no se ha oído nada más de esta voz temprana que llamaba atención a la “segunda venida.” En nuestro próximo artículo veremos cuál de todas estas primeras voces finalmente recibió la señal de Jehová para seguir adelante y representarlo como Sus testigos para la obra ministerial futura.

(continuar a parte 2)


NOTAS

a. The Small Sects in America (1949 edición revisada) por E.T. Clark, pp. 33, 34. Catholic Encyclopedia (1910, Nueva York), “Irvingites.” Cyclopædia (McClintock & Strong, 1882, Nueva York), “Millennium”; “Bengel, John Albert.”

b. Zion’s Watch Tower, Edición Extra, 25 de abril, de 1894, pp. 97-99 (“Harvest Siftings”); W Octubre-Noviembre, 1881, p. 3.

c. J. L. Rússell murió en 1897 a la edad de 84, habiendo sido un asociado cercano de su hijo en las actividades de la Sociedad. W Enero 1, 1898, p. 4.

d. Harvest Siftings, 1894, publicado por la Watch Tower Society, pp. 93-95.

e. Ibid., pp. 95-97

f. New York Sunday World Magazine, 30 de Agosto, 1914, “End of all Kingdoms in 1914” (Fin de todos los reinos en 1914); Revista dominical de Pittsburgh Press, Agosto 23, 1953, “Pastor Russell”; Pittsburgh Sun-Telegraph, 4 de Septiembre, 1954, “Jehovah’s Witnesses Continue to Grow in Strenght, Faith” (Los testigos de Jehová continúan creciendo en fuerza, fe).

g. Harvest Siftings, p. 104.

 

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